Este es un relato dedicado a Chenoa. El autor manifiesta que la historia es inventada, y que cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia.
TODO IRÁ BIEN
Llovía en Madrid aquella mañana. Laura daba una rueda de prensa en el hotel Urban para presentar su nuevo disco “Nada es igual”. Deseaba volver a verla. Recordaba nuestra amistad, surgida dos años antes en una de sus memorables actuaciones en Cannes. Por aquél entonces, yo me hallaba en una de mis interminables excursiones por todo el mundo, algo habitual en mi profesión como escritor con alma de incansable viajero, y aquella población francesa tan emblemática no podía faltar en mi directorio. Podría contar ahora mismo mis experiencias en esta ciudad plagada de estrellas, con su infinito poder de seducción, sus comercios de lujo o su incansable actividad turística, pero eso pertenecía a otra historia, y casi nada tenía que ver con esta misma, salvo la propia Laura. El concurso de la canción europea titulado “Eurobest” era el reclamo de Cannes en aquellos días, y Laura, la popular “Chenoa”, actuaba representando a España con la canción “It´s raining men”.
En principio, el concierto no formaba parte de mi agenda, pero finalmente no pude sustraerme al encanto que emanaba dicho evento, así que decidí reservarme una de las entradas. Su actuación rompió todos los moldes, resultando justa vencedora del festival. En mi retina siempre quedará guardado el momento estelar de su actuación junto a Alizée y los demás finalistas, Melanie Martin’s y Pavel, cantando Moi Lolita. La mayoría de los presentes cantábamos a coro con ellos, batiendo palmas sin cesar, visiblemente emocionados.
Finalizada la actuación, tuve la suerte de coincidir con Ángel Llácer, con el que me unía una gran amistad. Ángel acompañaba a Laura junto a Ainhoa en el viaje a Cannes, así que tras estrechar su mano, fui presentado por él a las dos famosas cantantes. Fue una suerte que me invitaran a celebrar el triunfo junto a ellos.
Durante el resto de la velada, Laura nos contó las sensaciones que había tenido tanto en los días previos a su actuación, como en el momento de recibir el premio como ganadora del espectáculo. Comprendía que el concurso estaba plagado de favoritos, y, para ella, quedar entre los tres primeros ya resultaba todo un logro. En los ensayos sintió algunos altibajos, y los nervios le jugaron malas pasadas, pero después comprendió que lo que debía hacer era pasárselo lo mejor posible, sin pensar en ningún momento en el triunfo o la derrota, porque lo verdaderamente importante era siempre dar lo mejor de uno mismo.
Fue el inicio de una bonita amistad, la cual fue confirmada en nuestro siguiente encuentro, unos meses después, en la presentación de su disco “Soy mujer”, en la discoteca madrileña Joy Eslava. Laura estaba radiante, donde nos hizo partícipes de cuatro de sus nuevas canciones. El público asistente gritaba con fervor, aplaudiendo sin cesar en cada una de sus interpretaciones musicales. Yo tenía invitación en uno de los palcos, ocupados a la vez por algunos de sus compañeros en operación triunfo. Me alegró comprobar que se había dado cuenta de mi presencia, lanzándome un cariñoso guiño. Al término de su actuación compartimos una pequeña charla, recordando su victoria en Cannes, aquella inolvidable velada y el imparable éxito que, sin duda alguna, iba a lograr con su nuevo disco. Fue todo un detalle el que me regalara una de las copias, aunque el cd no salía a la venta hasta el día siguiente. Según sus palabras, el disco suponía una verdadera prueba de fuego para ella, porque era consciente de que, casi con total seguridad, no iba a contar ya con el apoyo mediático que había tenido con su lanzamiento como artista, tras su paso por operación triunfo. Su vida había transcurrido aquellos meses casi íntegramente en Miami, por lo que echaba de menos a sus amigos y a la gente cercana que había dejado en España, y me sentí halagado al escuchar de su propia voz que yo era para ella uno de esos amigos. El único reto que le quedaba era componer sus propios temas, y sin duda lo haría en cuanto lograse asimilar todo lo bueno que le estaba ocurriendo, tras once años de intensa carrera en la que, por fin, estaba comenzando a recoger el fruto de su trabajo.
Pero, tras aquél encuentro, fue imposible volver a coincidir con ella. Laura tenía una vida plagada de compromisos, trabajo, giras, donde encontrar momentos de ocio era una empresa sumamente ardua, mientras que yo seguía con mi habitual peregrinaje por el mundo, de aquí allá sin rumbo fijo, comprendiendo que las posibilidades de un nuevo encuentro se hacían extremadamente complicadas.
Tuvieron que transcurrir dos largos años hasta que ese nuevo encuentro entre Laura y yo fuera a producirse por fin. El hotel Urban estaba, a pesar de la pertinaz lluvia, rebosante de gente esperando con impaciencia la rueda de prensa que la genial artista iba a dar con respecto a la presentación de su nuevo disco, “Nada es igual”. Y nada debía ser igual ya para Laura, convertida en una cantante de reconocido prestigio en casi todo el mundo.
Sin embargo, sentía que llegaba tarde a
la presentación, y en verdad que temía no conseguir al menos un autógrafo suyo, ya que en aquellos casi tres años desde que la conocía, no se me había ocurrido pedírselo, aunque guardaba con celo el disco anterior “Soy mujer”, esperando también a que me lo firmase, algo que sin querer había olvidado en nuestro último encuentro. Y, en efecto, al llegar al hotel, la presentación había terminado, tras ofrecer al público asistente dos de sus nuevas canciones en acústico, “Rutinas” y “Te encontré”. Y yo creí haberla encontrado, sí, pero ella parecía esfumarse de nuevo.
Aun así, no quise rendirme, a pesar de todo. Intenté explicar que yo conocía personalmente a la cantante, y que existía cierta amistad, aunque resultó inútil. Sabía que Laura aún estaba allí, en la mesa, firmando los últimos autógrafos, pero el paso ya estaba cerrado. Comprendí que debía desistir, dejando para otra ocasión mi reencuentro con ella, aunque desconocía si lograría producirse algún día.
Y, en aquél instante, ella pareció reconocerme detrás de la puerta, desde su mesa. Llamó a su representante para que se dirigiese a mí, haciéndome pasar a la sala.
-¡Hola, Max! ¡Cuánto tiempo! –dijo, dándome un fuerte abrazo.
-¡Hola, Laura! ¡Llegué a pensar que ya no te acordarías de mí!
-Claro que me acuerdo, Max. Hacía más de dos años que no te veía, pero nunca olvido a un amigo. Tenlo por seguro.
-Yo tampoco te había olvidado a ti. Fue una casualidad que hoy estuviera en Madrid, y me enteré de tu presentación. Ya ves que yo sigo cogiendo las cosas al vuelo.
-Lo sé. Tú siempre con tus interminables viajes.
-Así es. Y tus discos siempre viajan conmigo. Por cierto, que aquí llevo el anterior tuyo, el que me regalaste en el Joy Eslava. Se te olvidó firmármelo. Me gustaría que lo hicieras ahora.
-Oh, vaya, ¡cómo pudo olvidárseme algo tan esencial! ¡Pero entonces debo firmarte dos!
-¡Ah, claro! Tu nuevo disco…
-Sï… y quiero que esta segunda dedicatoria no la leas hasta que te hayas ido. ¿Me lo prometes?
-Uf, eso me parece emocionante. Estaré impaciente por ver qué me has escrito.
Esperé en silencio a que Laura escribiese en ambas carátulas, aunque me sorprendió comprobar que sacaba un papel para escribir, insertándolo posteriormente dentro del segundo disco.
-Ahora debo irme ya, Max. Estoy muy cansada. Espero que podamos coincidir de nuevo alguna vez. Sabes que me encantará conversar contigo…
-Por supuesto, Laura. Te deseo el mayor de los triunfos, como siempre ha sido.
-Yo también te deseo lo mejor en tu vida, Max.
Salí del hotel satisfecho de haber logrado al menos conversar con ella, pero conforme me alejaba del edificio sentía que la tristeza me invadía al no haber tenido la oportunidad de compartir unos minutos más, pues sabía que un nuevo encuentro con ella a corto plazo resultaría poco menos que imposible.
Me hallaba ya transitando por el Paseo del Prado cuando decidí leer las dedicatorias que Laura había escrito para mí, en especial la del nuevo disco:
Estimado Max:
Este año no ha resultado para mí todo lo bueno que hubiera deseado, pero tengo muchas esperanzas de cara al futuro. Me he alegrado mucho de verte, y siento no haber hablado más tiempo contigo, pero hoy necesitaba estar sola. Estoy segura de que podrás comprenderlo. Eres un gran amigo y quiero que sepas que te aprecio de corazón.
Con cariño.
Laura.
En aquellos instantes sentí que el corazón me palpitaba a marchas forzadas, maldiciéndome por no haberle pedido que charlásemos al menos un rato. Estaba seguro de que, en el fondo, habría agradecido tener un amigo en quien apoyarse, pero nada ya podía hacer. Seguramente, aunque regresase al hotel, ya no la encontraría allí. Sin embargo, decidí intentarlo. Corrí como alma que lleva el diablo, hasta plantarme en tiempo record en la Carrera de San Jerónimo. Pero todo resultó inútil. Al entrar de nuevo en el hotel, comprobé con tristeza que Laura ya se había marchado. Cabizbajo, golpeé un pedazo de papel que se hallaba en el suelo, lamentando mi mala suerte. Sin embargo, ésta volvió a sonreírme al darme cuenta de que en la recepción aguardaba el representante de Laura, rezagado tal vez por tener que ultimar algún detalle sobre la recién terminada presentación del disco. Rápidamente solicité a una de las azafatas del hotel un papel y un bolígrafo para escribir una pequeña nota para Laura. Y así, antes de que el representante abandonara el edificio, me dirigí a él para hacerle entrega de aquél pequeño pedazo de papel, confiando en que llegase a su destino.
-Disculpe, señor. Me llamo Max Fuentes y soy un amigo de Laura. Por favor, le agradecería que le hiciese llegar esta nota. Sé… que se alegrará de leerla.
Me miró con cierta desconfianza, pero tras unos breves segundos de indecisión, recogió por fin la nota de mi mano.
-No te preocupes. Sé la haré llegar. ¿Quién le digo que le envía la nota?
-Max, me llamo Max. Pero descuide, está firmada por mí. Ella sabrá.
-Claro… de acuerdo.
Era una nota escueta, sencilla, pero estimé que era suficiente, y tampoco había dispuesto de tiempo para más. Ya habría ocasión para encontrarnos otra vez; no importaba el tiempo que transcurriese hasta entonces.
Aquella noche Laura recibió la nota. Se alegró de saber que era de Max. Allí, en su habitación, mientras conectaba el televisor para echar un vistazo a la programación, buscando distracción antes de que el sueño la abatiese, abrió el pedazo de papel con la cabecera del Hotel Urban. Decía lo siguiente:
No te preocupes, Laura. Todo te irá bien.
Con sincero afecto
Max
Hoy, transcurridos dos años más después de aquél breve encuentro, Max aún recuerda con cariño a su amiga Laura. Se halla muy lejos de Madrid, concretamente en Acapulco. Pero sabe que en esos instantes ella está presentando su nuevo disco, cuyo primer single de lanzamiento se titula… “Todo irá bien”.
© Francisco Arsis (2007)
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